Montse Badia

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JOOST CONIJN. Two Films (ESP)

Espai 13, Fundación Joan Miró, Barcelona, 2004

Miércoles 4 de febrero de 2009, por Montse Badia

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La obra de Joost Conijn (Amsterdam, 1971) parte de la fascinación por las formas de vida alternativas y por las distintas culturas del mundo occidental. Sus viajes, a menudo vinculados a la voluntad de llevar a cabo proyectos que parecen del todo imposibles, desencadenan situaciones inesperadas, soluciones llenas de ingenio y enriquecedores intercambios. Tal como explica el propio artista, “un elemento esencial es la interacción cara a cara con la gente a la que voy conociendo por el camino”. La realización de películas que recogen todos estos procesos es el soporte en el que el artista presenta sus proyectos en el espacio expositor. Así como en sus primeros trabajos el punto de atención se centraba en la construcción de vehículos o elementos diversos –un avión en Airplane (2000), o una valla en C’est une Hek (1997)–, en sus siguientes películas el punto de interés se ha ido centrando progresivamente en la gente y en las culturas que se hallan más cercanas a los principios básicos de la existencia.

La exposición TWO FILMS presenta dos de sus películas más recientes, Wood Car y Siddieqa, Firdaus, Abdallah, Soelayman, Moestafa, Hawwa and Dzoel-kifl . Wood Car (2002, vídeo, 32 minutos) muestra un viaje realizado en un coche de madera construido por el propio artista. El coche funciona por combustión de madera, un método que ya había sido utilizado durante la Segunda Guerra Mundial. La necesidad de abastecerse constantemente de madera determina la ruta que hay que seguir, siempre cercana a bosques. El viaje se inicia en Holanda y sigue por Bélgica, Alemania, República Checa, Rumania, Ucrania, Hungría, Albania... pasando por lugares inhóspitos y encontrando formas de vida arcaicas. Tal como afirma el propio artista: “El coche hace amigos allá adonde va. Resulta que la gente de aquí recoge madera para pasar todo el invierno. Y cuando se detienen para descansar un rato y comer algo sobre la hierba, entre los árboles frutales en flor, traspasan la barrera del lenguaje dejándome compartir con ellos su pan y su queso hecho en casa.”

Siddieqa, Firdaus, Abdallah, Soelayman, Moestafa, Hawwa and Dzoel-kifl (2003, vídeo, 42 minutos) es el título de la segunda película, y también el nombre de los siete hijos de una familia holandesa que vive de acuerdo con los preceptos dictados por el islam, y por lo tanto de una forma que nada tiene que ver con las convenciones occidentales. La familia vive en una caravana, en una zona de “okupas”, en los muelles de la ciudad. De nuevo el artista nos lo explica: “El terreno está delimitado por una valla. Fuera de la valla es ‘territorio extranjero’: una zona poco rentable que no pertenece a ninguna parte. Se trata de un lugar en el que los nómadas y los vagabundos viven en pequeñas chozas y caravanas. Esta gente no sólo está excluida de la sociedad, sino que ni siquiera es tolerada por los ‘okupas’. La familia islámica vive al otro lado de la valla con sus siete hijos; el pequeño tiene tres años y el mayor catorce. Viven y juegan en la agreste tierra de nadie que está a punto de ser convertida en futuros locales comerciales, a menos de cinco kilómetros de Amsterdam, muy lejos de las convenciones de la plataforma social.

La intención de la película no es mostrar la ilegalidad o la marginación, ni los problemas que éstas acarrean. La película trata de conceptos universales como la libertad y la autenticidad. Estos niños llenan sus días con espontaneidad e inventiva, a pesar del aislamiento y la miseria en la que crecen. ¿Qué les depara la vida a estos niños salvajes? ¿Les llevará su autonomía a ser excluidos de la sociedad, o se desarrollarán de una forma completamente original, desinhibida por las convenciones? ¿Podrán en última instancia escoger entre una vida en libertad o una existencia condicionada?”

Las películas de Joost Conijn plasman a la perfección la espontaneidad y la autenticidad de los acontecimientos. A menudo no tienen una estructura cronológica, sino que nos conducen suavemente por las distintas acciones y encuentros. En C’est une Hek , Conijn va recogiendo varios elementos, algunos procedentes de coches, y hace una prospección del lugar ideal en el desierto, sin que nosotros como espectadores sepamos, hasta que la película está ya muy avanzada, que el objetivo de su actividad es la construcción de una valla en mitad del desierto. Airplane acompaña al espectador a través de un proceso no cronológico que termina en el momento álgido, es decir, con el vuelo del avión construido por el artista. Wood Car , en cambio, no presenta una estructura lineal, sino que nos acerca a varias escenas de sus numerosos encuentros e intercambios. Siddieqa, Firdaus, Abdallah, Soelayman, Moestafa, Hawwa and Dzoel-kifl está, según Conijn, “hecha como una película naturalista: esperar con atención y paciencia a que suceda algo. El tema indica cuándo ha dicho ya bastante de sí mismo, cuál será la estructura y cuándo termina la película”.

Montse Badia
Noviembre de 2004

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