Montse Badia

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Artistas, aventuras imposibles y viajes frustrados

BONART N 174 Mayo-Junio-Julio 2016

Jueves 5 de mayo de 2016, por Montse Badia

A menudo el trabajo en arte consiste en gestionar proyectos, negociar, convencer y cuadrar presupuestos y los que nos dedicamos a esto corremos el riesgo de olvidamos de lo más importante: los artistas. Ellas y ellos son los que dan sentido a todo este entramado que rige exposiciones, bienales, instituciones, escuelas de arte y galerías. El mundo del arte podría existir sin críticos, sin comisarios o sin galerías, pero no sin artistas. A veces las tareas diarias nos hacen olvidar que el arte es ese espacio de libertad, que permite ir más allá de los límites establecidos. Hacer exposiciones y producir proyectos es, sobretodo, trabajar con personas, con artistas, colaborar con ellos, discutir y también defenderlos y apoyar propuestas que pueden parecer aventuras imposibles.

Se acaba de presentar “El Viatge Frustrat” del artista Enric Farrés Duran, una de esas propuestas tan maravillosas como imposibles que una no puede más que apoyar incondicionalmente y, puntualmente, aportar la experiencia o el sentido común. “El Viatge Frustrat” es un proyecto producido por la colección Cal Cego en el que artista y coleccionista se propusieron recrear el viaje a Francia protagonizado por el escritor Josep Pla y su amigo Hermós, recogido en el relato “Un Viatge Frustrat”. Mientras que el viaje de Pla nunca llegó a realizarse, Enric Farrés y el coleccionista Josep Inglada, sí que lo llevaron a cabo, en pleno mes de agosto, desde Palafrugell hasta Francia, en una barca de vela y una pequeña chalana en la que el artista era remolcado. La ficción realista de Pla (con todo lujo de detalles de personas, lugares y condiciones metereológicas para dar veracidad al relato) se contrapone a la realidad ficcionada de Farrés que, en formato vídeo, va realizando derivas, guiños y conexiones entre diferentes lugares, objetos y situaciones.

En “El Viatge Frustrat” no suceden grandes acontecimientos. Entre las escenas que se muestran vemos la pequeña barca remolcada, el aprendizaje del juego de cartas de la butifarra, la visita a una lonja de pescado, la preparación de la cena en las casas de amigos que los acogían o el intento de recoger un cojín que cae al mar, como momento álgido de intensidad en el film. Pero por este “no suceder gran cosa” van desfilando algunos de los temas (grandes temas) de hoy y de siempre: las relaciones entre realidad y ficción; la obsesión por documentar las vivencias; el tiempo productivo versus el tiempo de vacaciones; el tiempo de espera; el potencial creativo de los momentos de inactividad; la desmitificación de los roles de artista y coleccionista o la internacionalización como vía de reconocimiento y legitimación pero también como paso de las referencias ultralocales a los grandes temas de la historia con mayúscula.