El trabajo de Thorsten Goldberg (Dinslaken, Alemania, 1960) se caracteriza por el minucioso detalle, la disciplina y la ejecución meticulosa. Tomando como referencias cotidianas, produce comentarios que sólo en apariencia son desenfadados, pero que en el fondo son críticas y observaciones precisas de nuestro tiempo. Sus vídeos e instalaciones se sirven a menudo de fragmentos cotidianos transformados en objetos de arte. De forma lúdica y muy lúcida, el artista plantea al espectador sutiles desplazamientos o diferencias que nos invitan a cambiar nuestra percepción de las cosas y a cuestionar el mundo en el que vivimos y nuestra relación con él.
Creada específicamente para el Espai 13, Things are generally different behind closed doors es una instalación en la que dos personajes bastante extraños hablan de sus vidas. Un algodón (de los que se usan para desmaquillarse) y un coche Smart hablan de sus experiencias, sus ideales y sus conflictos personales. La conversación se desarrolla en palabras y también en imágenes que se proyectan en una especie de escenario. Los temas tratados son muy variados: la vida en la ciudad frente a la vida en el campo, las relaciones con otras personas, los diferentes estilos de vida y sus implicaciones, la vestimenta y la apariencia como indicadores de pertenencia a diferentes comunidades o grupos sociales, el estado del bienestar y sus implicaciones personales más específicas, los reality shows, la conciencia y aceptación de la pertenencia a una sociedad mediatizada.
Todos los diálogos están extraídos de conversaciones que el artista ha escuchado en trenes, restaurantes y otros lugares públicos. Por lo tanto, las dos figuras no son exóticas, sino simplemente dos especímenes de la actualidad. Una de ellas es más sencilla y equilibrada, modesta y disciplinada, realista y práctica, y más o menos satisfecha con su situación vital. La otra es más compleja, inestable, exagerada, sociable y con tendencia a emitir juicios de valor rápidos.
No es la primera vez que Goldberg crea una historia aparentemente inocente que, como declaración pública, alcanza la categoría de diagnóstico. Como dice el propio artista, “la sencillez o el carácter lúdico no significa que una obra sea irrelevante. El hecho de que utilice símbolos simples la hace universalmente comprensible. (…) Creo que el arte tiene que tener diferentes niveles. Y el primer nivel, o introducción, debería, al menos en mi obra, tener siempre esta atmósfera de carácter lúdico, de inofensividad. No quiero que mi arte sea de algún modo imponente”. En sus trabajos anteriores, Goldberg utilizó un juego infantil (Piedra, papel y tijera) para realizar una intervención en el espacio público del puente Oberbaum de Berlín (antigua frontera que separaba Alemania del Este y Alemania del Oeste), reduciendo la rivalidad y las tensiones políticas al nivel de un patio de recreo. Curtain.mov era una cortina roja (y la cortina que rodea el escenario de Things are generally different behind closed doors es una clara referencia a ella) que se movía casi imperceptiblemente a lo largo de un pasillo transparente de 60 metros de largo que unía dos partes del edificio Martin Gropius en Eberswalde. Más recientemente, en Next Destination, Milk & Honey, instaló una parada de autobús en el centro de Heidenheim que anunciaba cada día uno de los 2.000 destinos del mapa de Schlaraffendland, la Accurata Utopia Tabula (c.1720) en la que el cartógrafo Johann Baptist Homann reproducía con minucioso detalle todos los nombres de los lugares del país de la leche y la miel, el País de Cockaigne o el País de la Abundancia.
Cortinas que se mueven, mapas imaginarios, juegos infantiles, coches y algodones que hablan: Goldberg utiliza objetos y situaciones de la vida real y los transforma en preguntas directas y contundentes. Nunca es provocador ni dogmático, pero de una manera discreta, humorística y aparentemente ingenua, señala los sutiles desplazamientos o “diferencias” que ponen a prueba algunos valores fundamentales.
Montse Badia
Enero 2005