Aqua et Tempus. Àlvar Calvet

AQUA ET TEMPUS, exposición de Àlvar Calvet, comisariada por Montse Badia, en las Vueltas del Circo Romano de Tarragona

AQUA ET TEMPUS o la arqueología de la anticipación

Los ríos ejemplifican una de las grandes paradojas de nuestra relación con la naturaleza. Sabemos que son sistemas vivos, pero hemos aprendido a mirarlos como recursos que se pueden gestionar. Buena parte del trabajo de Àlvar Calvet se sitúa precisamente en esta tensión.

En Aqua et Tempus estas preocupaciones se concentran alrededor del río Aniene. La exposición reúne el trabajo llevado a cabo durante la residencia de Calvet en el Lacio entre 2024 y 2025 y da continuidad a Siete lugares, siete almas y Las siete almas del Aniene. El Aniene, un afluente del Tíber, recorre un territorio en el que se acumulan restos arqueológicos y sistemas hidráulicos. Calvet se aproxima al río como quien intenta leer un paisaje escrito y reescrito muchas veces.

La arqueología ocupa un lugar central. Cabezas, corazones, candiles en forma de trucha, estandartes, monedas de sedimentos y pequeños templos de agua parecen desplazados de su tiempo. A Calvet le interesa la condición ambigua del objeto. Son restos de lo que ha ocurrido, pero también anticipaciones de una relación con el agua que todavía no sabemos imaginar.

Las piezas proceden de la experiencia alrededor del Aniene, de los encuentros con personas vinculadas al río y de acciones que configuran una liturgia laica. Caminar, ofrecer y enterrar son los tres momentos de la procesión Las siete almas del Aniene. Caminar ajusta el cuerpo a otra escala; ofrecer establece una relación que no parte de la posesión; enterrar introduce un gesto contrario a la extracción.

El ritual no es una evocación romántica de la naturaleza, sino una manera de introducir otro tiempo para la atención. Los objetos dan forma a lo que queda fuera de los lenguajes de la gestión, como la experiencia de un lugar y la desaparición de una especie. El candil con forma de trucha remite a una especie desaparecida del Aniene; los siete templos de agua se relacionan con siete puntos concretos del río y con las tensiones propias de cada uno. Uno de estos templos ya ha formado parte de una procesión y de un entierro; los otros seis, preparados para futuras procesiones y entierros, permanecen como formas de anticipación. Las monedas hechas con sedimentos introducen, a su vez, una pregunta sobre el valor.

El agua no se puede separar de la geopolítica. Su circulación, distribución o retención determina relaciones entre territorios y comunidades. El río hace visibles conflictos del presente: el agua como bien común y como recurso económico, y la voluntad de controlar sus ciclos.

En Siete lugares, siete almas Calvet tiene los ojos tapados y es guiado por siete personas hacia distintos lugares del Aniene. La ceguera funciona como método que obliga a escuchar y aceptar la mediación de personas que conocen y cuidan el río. No ver se convierte en una manera de atender lo que queda fuera de la vista.

Entre la arqueología y la anticipación, entre la memoria y el cuidado, los objetos de Aqua et Tempus son como cápsulas de tiempo, conservan la memoria de lo que ha pasado y mantienen abierta la posibilidad de lo que todavía no ha pasado. La cuestión no es solo qué hemos perdido, sino qué somos capaces de cuidar todavía.