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Entrevista

Montse Badia: «Está en nuestra mano poner en valor nuestro trabajo, demostrar, una vez más, la importancia del arte y la cultura»

Dentro del proyecto informativo colaborativo de reflexión sobre el futuro del arte y nuestra sociedad (#pensandoelfuturo / #pensandonofuturo), nacido en plena lucha contra la crisis del coronavirus, presentamos esta nueva entrevista con Montse Badia, crítica de arte y comisaria independiente, entre otras actividades, directora de A*DESK, directora artística de Cal Cego y del Máster en Arte Contemporáneo, y que, como el resto publicadas y/o por publicar, ARTEINFORMADO ofrece en abierto para que sigamos «todxs en casa pero todxs bien informadxs»:

ARTEINFORMADO (AI): En estos momentos de incertidumbre, ¿qué mensaje de ánimo y de confianza le gustaría trasladar a todos los operadores y actores del mundo del arte?

Montse Badia (MB): Son momentos de inseguridad, de estar viviendo en tiempo real todas aquellas series y películas distópicas que, hace solo unas semanas analizábamos desde la tranquilidad que nos daba saber que, de momento, eran ficción. Creo que de la situación que estamos viviendo debemos aprender muchas cosas, entre ellas, ser conscientes de nuestra interdependencia global y nuestra fragilidad, como individuos y como sociedad.

El mundo del arte y de la cultura está compuesto de resilientes, de personas acostumbradas a ir contracorriente, a enfrentarse con la incomprensión de sus ideas, sus actividades y sus discursos, a ser cuestionados y mirados con recelo constantemente. Así que ahora mismo, en estos momentos de desconcierto e incertidumbre generalizados, está en nuestra mano poner en valor nuestro trabajo, demostrar, una vez más, la importancia del arte y la cultura, en su capacidad de entendernos como individuos y como sociedad, de hacernos más humanos y más empáticos.

AI: ¿Cómo cree que va a cambiar el sistema del arte, en general, y el trabajo de curadoría, en particular, a partir de ahora, en lo referente a conceptualización de proyectos, relaciones con otros profesionales y/o organizaciones y estrategia de comunicación? ¿Toca reinventarse?

MB: Toca reinventarse, siempre. Pienso que todo el sistema (el del arte, pero también el económico, el político, etc.) va a cambiar. Hemos llegado a un punto de saturación y de inflación, de insostenibilidad que era evidente que por algún lado tenía que estallar. Esperemos que esta sea la oportunidad para que las cosas sean un poco más razonables y sostenibles, y podamos apostar más por la calidad de los contenidos que por la aceleración. Estos días, estamos viendo como desde el arte y la cultura hay una premisa clara que es compartir, compartir contenidos, compartir archivos, repositorios, audiovisuales, hacerse accesibles online. Creo que esto debe hacerse no sólo ofreciendo este acceso sin más, sino comisariando este material, enfatizando unos aspectos, proponiendo relecturas, estableciendo relaciones. Como si se tratara de un trabajo de curadoría presencial.

También, en estos momentos de confinamiento en que podemos visionar trabajos artísticos online, podemos hacer un poco de autocrítica y darnos cuenta como, inconscientemente, a veces se lo ponemos muy difícil al espectador, instalando videos y filmes en exposiciones, sin tener en cuenta su duración o sin asientos adecuados (pienso en esos bancos corridos que no invitan precisamente a estarse sentado más de diez minutos). También, estamos viendo que, aunque el aspecto presencial es importante, también se pueden hacer charlas y conferencias (por no hablar ya de reuniones) de manera telemática y se puede llegar aún a más gente. Mientras escribo esto, me llega un email de una galería, ProjecteSD, con una visita virtual comentada. Es un reto para todos, y especialmente para las instituciones ahora mismo, porque tienen la oportunidad de mostrar cual es su aportación social.

En definitiva, toca aprender de la situación, hacer autocrítica, ser resilientes, pensar otras maneras de hacer, ser menos autoreferenciales e intentar que haya más porosidad con otras manifestaciones culturales.

AI: ¿Piensa ahora que debería acometer una nueva fas e online para visibilizar y difundir más y mejor tus proyectos? Si, es así, ¿qué medidas baraja implementar de cara al futuro en su nueva estrategia digital y que no venía ejecutando?

MB: En mi caso, hace ya mucho tiempo que la digitalización está absolutamente implementada en mi trabajo, y no sólo como herramienta de difusión, sino que forma parte del ADN de los diferentes proyectos en los que estoy implicada. Desde el principio, con A*DESK (www.a-desk.org), una plataforma online de pensamiento crítico que funciona desde el año 2002; también con la colección Cal Cego (www.calcego.com) que desde 2006 tiene una de sus parte más activas desde su web, con un catálogo razonado de todas las obras e incorporando colaboraciones de distintos profesionales; y desde el Master en Arte Contemporáneo: Contexto, Mediación y Gestión (IL3-UB) que se imparte online en un 90 %. Por tanto, hace mucho tiempo que estoy totalmente inmersa en estas dinámicas.

Esta experiencia me permite también hacer una reflexión sobre sus ventajas (mayor flexibilidad, dinamismo, mayor alcance, interconectividad, mejor distribución) pero también sobre los riesgos (precariedad, auto-explotación). Si algo estamos aprendiendo estos días es que la cultura es un bien de primera necesidad, que nos está ayudando mucho a sobrellevar esta situación (pero que también acentúa una brecha social entre clases y entre países, no lo olvidemos). Por tanto, nos queda desear y luchar para que cuando todo esto termine, la cultura pueda ser accesible para todos y pueda ser reconocida y valorada (también económicamente) como bien de primera necesidad.

¿Cuál fue su primer comisariado?

Un proyecto de intervenciones artísticas en la escuela de arte la Llotja de Barcelona, que se titulaba “A veure. Quatre artistes a la recerca d’una escola”, en la que los cuatro artistas invitados (Chema Alvargonzález, David Falkner, Josep M. Martín, Mireia Massó) desarrollaron proyectos a partir del contexto específico de la escuela y en colaboración con los estudiantes. Fue una experiencia memorable, puesto que implicaba la participación en el proceso creativo que conlleva toda nueva producción.

¿Cuáles han sido los proyectos curatoriales más especiales, de cuáles se siente más satisfecho?

Para mi, el trabajo curatorial es un proceso de búsqueda e investigación y cada proyecto responde a un momento determinado y a un contexto específico. Toda mi trayectoria, o los proyectos que he ido realizando hasta ahora, responden a una línea de trabajo centrada en la búsqueda de la idiosincracia y de aquello que no es estándar. Estoy convencida que el arte crea una forma de conocimiento muy específica que va más allá de los estándares y que insiste en la diversidad y la diferencia. Proyectos que responden a estas premisas son, por ejemplo, “Depicting Love” (Kunstlerhaus Bethanien, Berlin, 2004), una reflexión sobre el amor articulada a partir de un programa de proyecciones en un cine y un DVD en el que se incluían los trabajos artísticos y que convertía el DVD en una suerte de exposición lista para llevar. Otros ejemplo son los dos ciclos de exposiciones en Espai 13 de la Fundación Miró, con las producciones de Lluís Bisbe, Antonio Ortega, Peter Land, Francesc Ruiz o Simon Starling, entre otros, o en el Centro de Arte Santa Mònica de Barcelona (en la etapa dirigida por Ferran Barenblit), con producciones de trabajos de David Shrigley, Dora García, Jill Magid o Peter Liversidge, por mencionar sólo algunos. Más reciente, destaco “La realidad invocable” (MACBA, 2014) una exploración sobre la noción de realidad a partir de los trabajos de artistas de diferentes contextos y generaciones, con cineastas como Lutz Mommartz o John Smith y artistas como Jeremy Deller, Phil Collins, Jill Magid, Rafel G. Bianchi o Núria Güell, entre otros.

¿Que rol desempeña hoy un comisario artístico?

Hay tantos modelos de comisario como personas haciendo de comisario. El papel del comisario es el de plantear preguntas, señalar los temas relevantes para entender el presente, invitar a los artistas a participar en un proceso de construcción de sentido. El comisario puede ser un catalizador, iniciador, cómplice, compañero de viaje del artista y también gestor, diplomático, coach … En realidad, el rol del comisario se define a partir de la propia práctica.

¿Tiene alguna influencia el comisario sobre el mercado del arte?

En estos momentos no creo que el comisario tenga especial influencia en el mercado del arte, a no ser que su ámbito de actuación sea el de las bienales y grandes eventos que, definitivamente, sí tienen influencia tanto en el mercado como en los discursos o los relatos que se construyen en cada momento.

¿Cuáles han sido sus «descubrimientos» memorables de artistas emergentes?

No sé si la labor del comisario es exactamente descubrir, pero sí que me parece importante trabajar con artistas de diferentes generaciones y fomentar diálogos intergeneracionales. Dicho esto, es enormemente estimulante trabajar con artistas más jóvenes con los que no hay códigos generacionales compartidos. En mi caso, recientemente he tenido la suerte de colaborar con dos artistas jóvenes, Enric Farrés Duran y Lúa Coderch que representan maneras renovadas de pensar y llevar a cabo la práctica artística.

¿Cuáles son las tendencias -en el panorama artístico actual- que le resultan más interesantes? ¿Cuáles considera que tienen una mayor proyección futura?

Me interesan las propuestas artísticas que van más allá de los límites del pensamiento, de las convenciones y de la institución, que replantean su papel y plantean preguntas sobre el mundo. Quizá su proyección no se plasma tanto en términos de mercado como de redifinición del papel del arte y su incidencia en la realidad.

COLECCIONAR ARTE CONTEMPORÁNEO Nº V