Proyectos

"Exposiciones y otros proyectos innovadores que exploran temes relevantes para entender el mundo en que vivimos"

TIEMPO

Los Ángeles, 2019
En la azotea del edificio Lloyd, Roy Batty, el jefe del grupo de replicantes rebeldes que ha vuelto a la tierra para conocer el sentido de su existencia, está a punto de aceptar su final: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhäuser. Todos estos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.
El policía Rick Deckard se convierte en testigo y aliado, a pesar de que su misión inicial era bien distinta: “No sé por qué me salvó la vida. Quizás en esos momentos amaba la vida más de lo que la había amado nunca. No sólo su propia vida, sino la de todos. Mi vida. Todo lo que él quería eran las mismas respuestas que todos buscamos. ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuánto tiempo me queda?”.

Tiempo. La noción de tiempo nos conduce a una gran cuestión filosófica. La certeza de su finitud aboca a un interrogante existencial. Memento Mori. No olvidéis que vuestro tiempo no es eterno y se acabará algún día.
Y claro, el arte puede convertirse en una manifestación de las ideas, “en un caballo de Troya”, como lo definió en una ocasión la artista Ceal Floyer.
Tere Recarens preparó dos grandes contenedores, cuyo contenido sólo podrá ser desvelado el 19 de marzo del año 2014.
Kris Martin hizo una edición de diez esferas doradas cuyo interior alberga un artefacto explosivo que se activará dentro de cien años, en el año 2104.
James Lee Byars coleccionaba “esferas perfectas”, “momentos perfectos”, “frases perfectas”, todo aquello que merece perdurar y que sintetiza la esencia de las cosas, de la existencia.
Las pinturas y los vídeos de Muntean and Rosenblum muestran la nostalgia de una Arcadia que también nos recuerda lo efímero de la vida.
Felix Gonzalez-Torres deja que la pila de caramelos equivalente al peso de su amante enfermo vaya diezmando a medida que los visitantes a la exposición se los van llevando. Montañas de caramelos o pilas de posters van desapareciendo, dispersándose, como la vida.
Con canciones por todos compartidas, cantadas a capela, Susan Philipsz transforma un espacio común en un espacio que de repente podemos hacer nuestro, que vemos de una manera distinta, porque los temas que canta con su voz frágil y desnuda forman parte de nuestra propia biografía.
On Kawara nos recuerda constantemente que sigue vivo.
Kris Martin nos invita a que nos miremos en un espejo en el que, como si se tratara del final de una película están escritas las palabras “The End”.

Tiempo suspendido
Suspender el tiempo. Expandirlo. Para eternizarlo, pero también para evidenciar sus mecanismos. Para poner de manifiesto su sinsentido.
En Sleeping, Andy Warhol filma una noche de ocho horas de sueño del poeta John Giorno. La última imagen de la película es un plano congelado. También registra el Empire State Building durante ocho horas. Tiempo real y tiempo cinematográfico se superponen.
Martí Anson realiza una road movie que muestra todo aquello que una road movie nunca mostraría, esto es, los momentos en los que no sucede nada relevante, los tiempos muertos.
En 24 hours Psycho, Douglas Gordon ralentiza el film Psicosis de Alfred Hitchcok de manera que su duración coincide con las 24 horas en las que se desarrolla la trama de la película. No sólo enfatiza la negación de la narrativa, sino que convierte el suspense de la intriga en una narración suspendida.
Jeff Wall, Gregory Crewdson y otros artistas que trabajan “staged photographies” detienen la acción, pero para hacerla perdurar y para que lo ordinario del momento escogido nos haga ser conscientes de ciertos elementos perturbadores. En definitiva, para hacernos sospechar de lo que vemos.
Alicia Framis también detiene el tiempo, o mejor dicho, las personas que forman parte de diversas empresas e instituciones se mantienen completamente inmóviles durante unos minutos. Su gesto tiene consecuencias pero sobretodo sirve para recordarnos que cualquier acción individual puede tener un impacto extraordinario.

Economías del tiempo
Tiempo es dinero. El uso eficiente del trabajo responde a un sistema mental y económico en el que tiempo equivale a dinero. Nuestro devenir diario está completamente programado. No hay espacios para el imprevisto ni para el encuentro fortuito. El flâneur de Baudelaire, los paseos de los dandies acompañados de tortugas para marcar un ritmo lento; el deambular parisino de Breton en busca de Nadja y también de la poesía; los recorridos a la deriva de los situacionistas… han dejado de ser posibles o se han convertido en actos de resistencia o de asocialización, en intentos de readueñarnos de nuestro tiempo. Hay muchas formas de usar el tiempo y también de perderlo. La respuesta a la efectividad es una apuesta por la individualidad y un posicionamiento contra la estandarización. Es la búsqueda de unos resultados diferentes a los esperados.
El arte puede crear estos marcos de pensamiento. Permite plantear las cosas de otro modo. Permite aproximarse a la realidad desde perspectivas inéditas, desde el absurdo, desde el cuestionamiento de los valores predeterminados, desde la duda.
Francis Alÿs propone viajar de Tijuana a San Diego, pero no a través del camino que cruza la frontera mejicana-estadounidense, sino siguiendo otra ruta, vía Panamá, Santiago, Sydney, Singapur y Bangkok, que tardará treinta y cinco días en completar. También observa algunas “paradojas de la praxis”. Sometimes making something leads to nothing. El artista arrastra un bloque de hielo por las calles de Ciudad de Méjico hasta que se derrite, dejando únicamente un rastro húmedo. No cabe duda, se trata de una estimación absolutamente subjetiva de la economía del tiempo.
Claude Closky se recrea en esfuerzos improductivos, en conocimientos fútiles. Hace inventarios: los primeros mil números por orden alfabético. Colecciona frases hechas ordenándolas de la más larga a la más corta. Enumera los cuadritos de un bloc cuadriculado o hace un listado extraído de la guía de teléfonos de Dôle de 8633 personas de allí que no conoce.
Ignasi Aballí también hace listados extraídos de los periódicos: de personas, de artistas, de obras, de muertos… Malgasta botes enormes de pintura. Construye paredes sin utilidad o rectifica una superficie negra cubriéndola totalmente con tippex.
Para poner una rueda de bicicleta alrededor de una farola, Andreas Slominski hace levantar la farola, deposita la rueda en el suelo y luego vuelve a colocar la farola. Para enviar una carta, hace que una jirafa del zoo lama el sello.

David Hammons lo decidió hace tiempo. “Cuanto menos hago, más artista soy. La mayor parte del tiempo me dedico a estar en la calle y andar”. En 1983, en Cooper Square en Nueva York, David Hammons puso a la venta bolas de nieve, ordenadas según su tamaño sobre una alfombra de colores.
Nos queda la imagen de Hammons con abrigo, sombrero y guantes, en una esquina nevada y delante de una cincuentena de bolas de nieve perfectamente agrupadas, sosteniendo en su mano una de ellas y esperando. Mirando hacia un lado con una expresión entre taciturna, burlona y resignada. Vendiendo bolas de nieve y esperando. Esperando una reacción, una respuesta, un sentido. Simplemente esperando. Tiempo.

Montse Badia
Primavera 2008

(Pensa/Piensa/Think es una exposición co-comisariada en el Centro de Arte Santa Mònica de Barcelona, por Frederic Montornés, Jacob Fabricius, Ferran Barenblit y Montse Badia)

Alicia Framis toma los conflictos o contradicciones que ve a su alrededor como punto de partida de las nuevas ideas, modelos o prototipos que componen sus series. La violencia, la seguridad, la convivencia, la comunicación y la soledad son algunos de los temas clave que han articulado su obra. Framis se involucra en cuestiones y proyectos específicos durante un período de tiempo determinado —que puede ir desde unos días hasta unos años— durante el cual sus auténticos “works in progress” se definen, se transforman y evolucionan, a menudo en relación con los lugares donde se presentan.

La artista definió alguna vez el objetivo de su trabajo como esencialmente “crear un buen concepto para la vida”: un posicionamiento tan directo como complejo, y que en última instancia es simplemente una afirmación de la necesidad del arte como catalizador de otras formas de mirar, ver y cuestionar las cosas. Estas premisas están presentes en todos los proyectos de Framis hasta la fecha, algunos de los cuales tal vez sea pertinente recordar aquí, a modo de introducción a Guantánamo Museum, su trabajo más reciente. En Dreamkeeper (1997), por ejemplo, publicó un anuncio en los periódicos en el que se ofrecía a velar por los sueños de las personas solitarias; en Remix Buildings (1999-2000) propuso un nuevo enfoque de la arquitectura, combinando funciones improbables —un cine y un hospital, un metro y un cementerio, una autopista y un monumento conmemorativo, etc.— para demostrar hasta qué punto nuestra sociedad se esfuerza por hacer invisibles todos aquellos aspectos de la existencia relacionados con la enfermedad, la vejez, el sufrimiento y la muerte. Anti-Dog (2002-2003), una reflexión sobre la violencia contra las mujeres, consistía en una colección de vestidos confeccionados con tejidos especiales: a prueba de balas, ignífugos y resistentes a los ataques de los perros. Secret Strike (2003-…) es una serie de performances colectivas realizadas con el apoyo de diversas instituciones —Tate Modern en Londres, Inditex en Santiago de Compostela, Rabobank en Utrecht…— en las que los trabajadores interrumpen por unos instantes lo que estén haciendo y paralizan por completo la actividad de estas grandes empresas.

La colaboración es, pues, otro aspecto clave del trabajo de Framis. No sólo por parte de los arquitectos, diseñadores, músicos o escritores a los que suele recurrir como compañeros de viaje, sino también de las personas a las que implica directamente en sus proyectos y del espectador, que no puede evitar implicarse en sus obras.

Guantánamo Museum es el nuevo proyecto de Alicia Framis y el Centre d’Art Santa Mònica es la segunda parada de un recorrido que se vislumbra largo y esperado y que comenzó en la Galería Helga de Alvear de Madrid con un ‘sketchbook’ en el que la artista expuso sus preocupaciones en torno a un tema de gran actualidad: la prisión de Guantánamo. Desde 2002, el ejército estadounidense utiliza su base de la bahía de Guantánamo (Cuba) como centro de detención de máxima seguridad. Los presos de Guantánamo, capturados y encarcelados sin juicio previo, son clasificados como ‘combatientes enemigos’ y sospechosos de actividades terroristas, privados de los derechos más básicos y torturados sistemáticamente… Numerosas iniciativas en diversas partes del mundo siguen condenando la existencia de Guantánamo. Hace unas semanas, la prensa anunció que ‘el Tribunal Supremo de Estados Unidos da el golpe de gracia al limbo de Guantánamo’, citando la decisión de los jueces de que los detenidos tienen el derecho constitucional de defenderse en los tribunales civiles. Éste podría ser el final definitivo de Guantánamo.

 

El proyecto de Alicia Framis parte de la constatación de que es muy probable que la prisión de Guantánamo se cierre pronto y que, inevitablemente, se convierta en museo, porque vivimos en una sociedad que tiene una necesidad insaciable de museizarlo todo. Auschwitz y Alcatraz son buenos ejemplos de cómo a partir de la memoria del horror se pueden crear souvenirs para el turismo. Framis no pretende ser categórica ni aportar soluciones, sino que pretende profundizar en la cuestión de si es legítimo convertir el horror en un producto de consumo. Al fin y al cabo, ¿quizás los museos de este tipo sean un mal menor, una forma de garantizar que ciertas atrocidades no caigan en el olvido?

El Museo de Guantánamo de Alicia Framis pone de relieve esta paradoja con su propuesta de un posible museo para Guantánamo, un museo que la artista sin duda definirá más en el transcurso de sucesivas presentaciones de su proyecto. En esta exposición en el CASM, la artista se centra en el factor humano esencial recordando a todas las personas que han estado o siguen estando enjauladas en los campos de concentración de Guantánamo. Guantánamo Museum: The List es un memorial en el que 274 cascos de moto cortados por la sierra evocan la vulnerabilidad de los presos y el abuso de su integridad, mientras la voz del músico Blixa Bargeld lee una lista, elaborada por el escritor Enrique Vila-Matas, con todos los nombres de los prisioneros, que nos recuerda su presencia y, al mismo tiempo, su ausencia.

En paralelo, Guantanamo Museum: Sketches es una reinterpretación de diferentes espacios de los campos de prisioneros, mostrando cómo podrían convertirse en el museo propuesto, cuyo lema es “Cosas para olvidar”. Para definir los objetos que se expondrán en el museo, el artista ha trabajado con varios colaboradores, entre ellos arquitectos, diseñadores y estudiantes de diseño, y ha impartido una serie de talleres en la Escuela de Moda Felicitat Duce (Barcelona), el IED Instituto Europeo de Diseño (Madrid y Barcelona) y Can Xalant (Mataró). Fruto de estos talleres es la exposición Guantánamo Museum: Workshops, una selección de ideas, bocetos y prototipos que Alicia Framis ha incorporado a su propuesta para el Museo de Guantánamo, el último —¿y el último?— museo surgido del horror.

Montse Badia
Junio 2008

En el año 1996, Dora García realizó una instalación titulada Perplexity, que consistió en acotar un espacio de una galería de arte con una cinta en la que podía leerse la palabra “perplejidad”. De esta manera tan sencilla (y en el caso de los trabajos de Dora hay una relación inversamente proporcional entre la facilidad con la que pueden describirse sus obras y su complejidad conceptual), la artista señalaba los límites en los que se situa su trabajo: presentar la realidad como múltiple y cuestionable y explorar la relación entre artista, obra y público. En otras palabras, Dora señala, actúa como una directora de cine que cuenta historias (o simplemente las selecciona), desencadena una situación, nos sitúa en un escenario o nos hace partícipes de un juego cuyas reglas se parecen mucho a la realidad y por eso mismo nos permiten cuestionarla.

Cuentos Escogidos es el título de esta exposición que podría definirse como una miniretrospectiva, pues reúne una selección de trabajos que incluyen el lapso de tiempo comprendido entre los años 1991 y 2007. Debido al carácter marcadamente procesual de las obras de Dora García, la presentación de estos trabajos se realiza en un formato que la propia artista define como “en modo off”, es decir, mostrando los elementos que forman parte de las obras pero de una manera “desinstalada”.

Cuentos Escogidos presenta un recorrido por siete trabajos: Contes Choisis (1991) es una instalación presentada en la Fundación De Appel en Ámsterdam en la que el retrato de Guy de Maupassant contrapuesto a dos enigmáticas esculturas definen un sustrato narrativo y ficcional. Todas las Historias (2001- ) es un trabajo en proceso cuya ambición es la de reunir “todas las historias del mundo. El lector que decida leerlas en voz alta se convierte en performer de Todas Las Historias y, cuando haya terminado, todos los hombres y mujeres, todo el tiempo y todos los lugares, habrán pasado por sus labios. La dificultad estriba en que casi cada día nuevas historias se añaden a esta lista”. La Habitación cerrada consiste en una habitación que debe permanecer cerrada. Cuando alguien entra en dicha habitación ésta desaparece y la obra se desvanece. The Crowd es una performance que parte de la necesidad de crear expectativas y en la cual el público juega un papel esencial. The Prophets es descrita de esta manera por la artista, “[Los profetas]… cada día entran en el museo y recogen las fotocopias con las profecías que hay para ese día y que yo había enviado con antelación. Durante la siguiente hora, van entregándolas entre los visitantes del museo y realizando las tareas profetizadas y que escribí específicamente para ellos en los papeles que están distribuyendo. Nunca saben de antemano cuáles pueden ser esas tareas, ni en la forma en que se presentarán a los visitantes al día siguiente. La tensión que generan estas profecías «prêt-a-porter» (…), la sospecha de que los sucesos que tienen lugar son en parte una puesta en escena, y la amenaza constante de una realidad incontrolable…». The Beggar’s Opera es el proyecto que García presentó en el Skulptur Projekte Münster’07 y que consistió en una serie de performance realizadas por un actor que interpreta a un mendigo, Filch, inspirado en el aprendiz de mendigo de la ópera de John Gay, que a su vez inspiró a Bertolt Brecht en La Ópera de Tres Peniques. Filch es un personaje que se mueve libremente por las calles de Münster, suficientemente marginal como para poder decir lo que piensa en todo momento. Sus aventuras, encuentros y observaciones eran anotados en el cuaderno de bitácora www.thebeggarsopera.org así como una serie de monólogos que fueron representados en el Metropolis Kino de Münster y que aparecen ahora recogidos en una publicación. Finalmente, C (Film contado dos veces), una propuesta creada específicamente para el CASM, es una proyección comentada de la película Film (1964) de Beckett que se basa en la noción de cámara subjetiva. La proyección comentada tendrá lugar todos los miércoles a las 19 horas en el Auditorio del CASM.

Moviéndose constantemente entre las fronteras que separan ficción y realidad, las performances de Dora García (performances con actores que siguen una serie de instrucciones) exploran sus límites, que no son otros que los límites entre lo real y su representación. Mediante la investigación de la construcción de ficciones, el trabajo de Dora García ofrece una visión autoreflexiva del invididuo y de su entorno, en el que el reconocimiento juega un papel esencial.

“El arte es para todos pero sólo una élite lo sabe”, reza una de sus ”frases de oro”, verdaderos statements o declaraciones de principios con las que hace pública su postura y con las que resulta fácil identificarse. “La diferencia entre ordinario y extraordinario está en esa cosita extra”. Ahí precisamente radica lo extraordinario de su trabajo.

Montse Badia

Peter Liversidge (Lincoln, UK, 1973) hace propuestas. El artista lleva diez años haciendo propuestas, que ha presentado, entre otros, en el Edinburgh Art Festival, en el festival Europalia en Bruselas o en la sección Unlimited de la feria de arte Art Basel.

Todos sus proyectos se inician en un mismo punto: una propuesta que consiste en la idea de escribir propuestas. «I propose to write proposals for Montse Badia at the Centre d’Art Santa Mònica, Barcelona, during October 2007. Starting no sooner than the first of October and finishing no later than the thirtyfirst of October 2007». Este fue el inicio de la exposición «Proposals for Barcelona» de Peter Liversidge en el Centro de Arte Santa Mónica.

Algunas de las ochenta y ocho propuestas presentadas por Peter Liversidge son utópicas, otras son imposibles, otras son poéticas, otras son de carácter práctico y otras son un puro divertimento. De lo más absolutamente banal a lo transcendente, las propuestas de Liversidge son más prescriptivas que descriptivas. Algunas de ellas han sido realizadas y se encuentran materializadas o documentadas en el propio espacio de exposición, otras, en cambio, abren un espacio para que el espectador pueda interpretarlas libremente. Así, en la sala de exposiciones podemos encontrar objetos relacionados con una de las propuestas previamente enviadas por Liversidge («I propose to place on the floor of Gallery 2 at Centre d’Art Santa Monica a bronze cast of the two elastic bands I found outside my front door this morning. The elastic bands were the red type often dropped by postmen. They were laying on top of each other, and this is how they will appear in the gallery space»), documentación gráfica de acciones llevadas a cabo por el propio artista («I propose to scatter Brittish wild-flower seeds in any broken ground in the city of Barcelona»), documentación de acciones que a todos nos gustaría llevar a cabo («I propose to use the telephones at Centre d’Art Santa Monica to phone everyone I know») o propuestas que el espectador puede dotar de connotaciones más transcendentes («I propose to escape to the beach»).

Peter Liversidge envió por correo postal 88 propuestas, previamente mecanografiadas y de las que sólo existe un original. Pero su deuda con el arte conceptual no atiende sólo a aspectos puramente formales. Las propuestas de Liversidge no son un revival del arte conceptual. Su proximidad a las prácticas conceptuales históricas radica en su punto de partida, en su actitud. Liversidge realiza una crítica institucional, no siempre obvia, pues más que denunciar o poner en evidencia unos mecanismos o tics determinados, el artista nos hace replantearnos una serie de procesos o roles asumidos. Liversidge no responde a la invitación del comisario con una o dos propuestas de exposición, sino que lo hace con muchas (a veces son veinte, a veces ochenta y a veces son casi doscientas), de manera que inicia un proceso de discusión, de intercambio de puntos de vista, de decisiones y también de responsabilidades compartidas que convierten la preparación del trabajo en un punto álgido de intensidad del cual queda poco rastro una vez se «materializa» la exposición.

Sin embargo, la crítica institucional es un medio y no un fin para Liversidge. Con sus propuestas, el artista nos invita a repensar los roles pero también nos hace repensar la naturaleza y los entornos inmediatos, al tiempo que abre un mundo de posibilidades. Y todo esto lo hace no tanto a partir de gestos grandilocuentes, sino de acciones pequeñas y concisas, de escala muy humana pero que pueden hacer cambiar radicalmente nuestra percepción de las cosas.

Liversidge nos confronta a las distintas concepciones de la naturaleza a partir de sus representaciones (hace moldes en distintos materiales de una piedra encontrada, expone un pájaro disecado, muestra films registrados en el zoológico, expone dibujos invernales o presenta un tributo floral de un lugar idealizado por el artista); nos confronta a la percepción del entorno (mediante la luz, el humo, las canciones o los sonidos); se propone metas personales (aprender español, corregir los errores, hacer planes…); ofrece servicios (regentar un restaurante en el centro de la ciudad, hacer de fotógrafo de bodas…) o propone formas difíciles de llevar a cabo para cambiar nuestro entorno (poner en la parte inferior del teleférico unos focos que proyecten haces de luz sobre la ciudad).

Con unas propuestas más o menos concretas, más o menos ambiciosas, más o menos visionarias, Peter Liversidge nos invita a pensar que es posible incidir en el entorno que nos rodea. Partiendo de los aspectos más cotidianos que definen nuestras biografías, el artista evidencia que es posible apelar a la imaginación y a otros mundos posibles, opta por el sentido del humor como detonante para plantear cuestiones esenciales acerca del ser humano. Las propuestas de Peter Liversidge no son guiones escritos, sino posibilidades ilimitadas.

Montse Badia

“Busco relaciones íntimas con estructuras impersonales”. Con esta frase tan escueta como contundente define Jill Magid su trabajo artístico. “Los sistemas con los que escojo trabajar, como la policía, servicios secretos, la televisión de circuito cerrado y la identificación forense funcionan a distancia, con una perspectiva gran angular equiparan a todos y borran al individuo. Busco la suavidad y la intimidad potencial de sus tecnologías, la falacia de su punto de vista omnisciente, las maneras en que conservan la memoria (aunque a menudo dejan de recordar), su posición implantada en la sociedad (la causa de su invisibilidad), su autoridad, su intangibilidad aparente y, con todo eso, su potencial reversibilidad.”

Como “la protagonista de la novela de otra persona”, Jill Magid vuelve a su ciudad tras haber vivido cinco años en el extranjero. Como vive en Brooklyn coge el metro a menudo y no sale de su asombro cada vez que escucha por megafonía el anuncio de que “por razones de seguridad” cualquier pasajero puede ser objeto de un registro. Sin dudarlo, Jill se acerca a un oficial y le pide que la registre. La negativa del policía deriva en un acuerdo: la posibilidad que la artista lo acompañe durante sus rondas de vigilancia nocturna. Los mundos a los que pertenecen los protagonistas de esta historia no pueden ser más distintos: una joven artista independiente y emprendedora y un policía de Staten Island que sólo una vez en su vida salió de Nueva York y fue para visitar Disneylandia. Pero la fascinación es mutua: ella escribe un diario que recoge todas sus impresiones y pensamientos durante los turnos de vigilancia; él acompaña sus rutinas recitando los nombres de los presidentes de los Estados Unidos, “porque el mundo es como es gracias a ellos”. Ella representa la interrogación y la búsqueda constante, él representa la continuidad. Ella logra entender sus códigos (el alfabeto que utiliza la policía para deletrear las palabras); él intuye que la complejidad de ella puede ser problemática. Lincoln Ocean Victor Eddy. L.O.V.E.

Parece una carta de amor, pero es un contrato. “Haz de mí un diamante cuando muera. Córtame redondo y brillante. Pésame a un quilate. Asegúrate que sea real.”. Introduciendo minuciosamente cada una de las claúsulas que se especifican en el contrato, Jill Magid redacta una carta de amor para que cuando ella muera sea transformada en diamante. La vitrina muestra el arco del anillo y el engarce, pero falta la piedra, el diamante, para completar un autorretrato que, por el momento, está inacabado.

La muerte, el peligro, la inseguridad, el caos son valores que nuestras sociedades no aceptan. Para ello crean sistemas, aparentemente objetivos, que nos protegen, que nos ordenan, que apaciguan nuestros miedos, que evitan que nos hagamos demasiadas preguntas, que transforman lo que no nos atrevemos a mirar en algo agradable, en algo eterno, en algo material, objetivo. Jill Magid utiliza estos sistemas para evidenciar sus mecanismos, para desvelar su potencial poético y, en última instancia, para desencadenar nuevas formas de interacción humana.

Thin Blue Lines es el título de esta exposición. “Thin Blue Line” es una expresión anglosajona que define la línea que separa la protección policial de la anarquía. De color azul son también las líneas con las que Magid subraya las citas de la novela de Jerzy Kosinski. “Digamos que soy la protagonista de la novela de otra persona.”

Montse Badia

Afgang’06

„The biggest trip of my life was just going to start“
(Jack Kerouac)

Dejar atrás una etapa e iniciar otra. Enfrentarse a algo diferente. Vivir un proceso de iniciación, de transformación, de cambio. A veces se trata de cambios de gran transcendencia. En otras ocasiones, se trata sólo de pequeños ajustes vitales. Todos estos cambios y evoluciones conforman nuestra vida y este es un leitmotiv que se repite en el cine, en el arte, en música, en literatura… Todo cambio, o mejor dicho, toda necesidad de cambio lleva implícita una forma de descontento. Al igual que en todo trabajo creativo, repensamos el mundo y nuestra relación con él porque hay algo que nos irrita y nos molesta y, por tanto, deseamos modificar. A veces, el cambio es un viaje físico que se convierte en metáfora de una búsqueda, de una huída o del reencuentro con uno mismo. Esta es básicamente la base de todas las road movies, en las que el viaje se convierte en una metáfora de la transición a una etapa de madurez, de la búsqueda de lo inesperado, o quizás de la huída de algo. Así, para Jack Kerouac y otros iconos de la generación beat, el viaje suponía una búsqueda de respuestas al acto de vivir, al tiempo que una forma de huir de las responsabilidades…

„There is no place I’d rather be than this journey of discovery“
(Jamiroquai)

El viaje en un sentido físico o metafórico es un hecho indisociable del acto creativo. Uno de los hechos inseparables del arte moderno ha sido la búsqueda de sus valores en otros lugares, ya sean espaciales, geográficos, míticos o temporales. Todo viaje, toda partida implica una acción vital y una experiencia cognoscitiva. En este sentido, no es extraño que desde siempre forme parte del bagaje de los artistas. Así, en el siglo XIX el viaje a Italia con carácter formativo era para los artistas europeos una cita obligada. Más tarde, la fascinación por Oriente supuso la atracción por el exotismo. A menudo, el viaje hacia otros territorios se convierte en un viaje hacia el propio interior. El viaje puede ser un recorrido en solitario como via de autoconocimiento (Richard Long, Ulay/Abramovic); puede ser un estímulo, una provocación, una regeneración o el deseo de integrarse en un lugar diferente (Andreas Gursky, Beat Streuli); puede ser el detonante para perseguir ideas o proyectos que parecen imposibles (Joost Conijn, Simon Starling) o puede ser el definidor de una nueva clase social de nómadas o pasajeros en tránsito constante que ponen de manifiesto una implicación con el tejido social (como es el caso de la mayoría de artistas contemporáneos, cuyo estudio se sitúa en este ir y venir entre diferentes ciudades, países, proyectos y situaciones).

I still don’t know what I was waiting for
And my time was running wild
A million dead-end streets
Every time I thought I’d got it made
It seemed the taste was not so sweet
So I turned myself to face me
But I’ve never caught a glimpse
Of how the others must see the faker
I’m much too fast to take that test

Ch-ch-ch-ch-Changes
(Turn and face the strain)
Ch-ch-Changes
Don’t want to be a richer man
Ch-ch-ch-ch-Changes
(Turn and face the strain)
Ch-ch-Changes
Just gonna have to be a different man
Time may change me
But I can’t trace time

(“Changes”, David Bowie)

El viaje también puede referirse al fín de una etapa y al inicio de otra, a la experiencia vital de un final que conlleva un nuevo principio. Para los artistas, el paso por la Academia supone un período de formación, de discusión y de compartir con los compañeros momentos privilegiados y ajenos al rendimiento que más adelante la sociedad exige a sus miembros („Et in Arcadia Ego“, como lo definía con gran nostalgia Evelyn Waugh en Brideshead Revisited). El paso por la Academia y el fín de esta etapa supone también un momento de interrogación, quizás no tanto sobre uno mismo (no estamos hablando de estudiantes adolescentes) pero sí en relación al rol que como artistas deben asumir y a su posicionamiento en relación a la sociedad. El paso por la Academia podría encajar en la definición que el antropólogo holandés Arnold van Gennep da en su libro The Rites of Passage (1908), en el que examinó lo que él denominaba „crisis vitales“ y las ceremonias (o mejor fases) que las acompañan: separación, transición e incorporación. En la fase de transición, en la que el individuo no acaba de estar dentro ni fuera de la sociedad, van Gennep habla de estar en el „umbral“, y nosotros añadimos, en un momento de cambio, de indefinición, de cuestionamiento y de toma de posición personal y profesional.

Tine O. Jensen, Rikke Winther, Line S. Mengers, Kristian V. Svensson, Karen Petersen, Jesper Carlsen y Anders V. Hansen, los siete artistas participantes en la exposición Afgang06, se encuentran en ese “umbral” de interrogación y de toma de posición. The common denominator that unites these artists is that (apart from having done their education in the same art academy, Det fynskekunstakademi) from May onwards they will share the experience of leaving (the academy) and in a broader sense, the idea of departure. The spirit of the exhibition is summarized with the quotation of the beginning of the book of Jack Kerouac, On the road: „The biggest trip of my life was just going to start“ “: to accomplish a period of education, of training and starting a new period, which implies a decisive moment, a moment of looking for a place –a space of one’s own from which to take part in a given reality- and also a place in the art world and in society. It is also a moment of interrogation: how is the art world? What are the function of art and the role of the artists? Which is the social status of artists? Can art fulfill a social function?

Durante el proceso de preparación de Afgang06, los artistas no sólo han desarrollado sus trabajos individuales, sino que han discutido colectivamente todos estos temas personalmente y también a través de un foro en Internet, de manera que no sólo han ido articulando sus proyectos, sino que también han podido compartir e intercambiar con sus compañeros todas sus dudas e inquietudes. En las intervenciones que los siete artistas han ido realizando en el forum, han expresado sus ideas en relación al arte, a su papel como artistas, a sus proyectos personales, así como su preocupación en relación a algunos hechos que ocurrían a su alrededor y que han conmovido al mundo (como las reacciones de algunos sectores musulmanes ante las viñetas sobre Mahoma publicadas en el periódico danés Jyllands-Posten. Estas son solo algunas de las discusiones o intercambio de opiniones que han ido manteniendo durante todo el proceso de preparación de Afgang06 y que se han vertido en el forum: así, la situación de impasse que supone dejar la Academia, la resumía una de las artistas con la siguiente metáfora: „Maybe I’m more for going into something new than going away… but well, if you go out of a room you automatically enter a new one“. Los siete artistas participantes en Afgang06 entienden su rol desde el compromiso con la sociedad (“the role of the artist is a way to help people think in the real world. My objective is pretty simple I am trying to raise the level of consciousness in relation to esthetic consummation. I think good art can have the ability not only to raise questions about it self, but raise questions about the way we see the world. I see an artist’s practice as research, not only researching the subject matter, but also the surrounding phenomenon including ones own subject”). En consecuencia, para ellos la práctica artística es una forma de comunicación. Tal como lo expresaba otra de las artistas, “it´s a field where you can talk about things in a way that´s impossible with just words. The relation between society and art is very important. To be aware of what is going on around you. Then it might be possible to somehow add something that is «missing» in the world. I guess that´s what art is about” / “art has a social value and that it can fulfill this function. -it quickly becomes a discussion of inside/outside the institution, in my head it does, because clearly as an artist you talk to a small audience, but then you break that barrier when you interact directly with some from outside this circle, and then there are art in the public sphere which can be problematic. But sure, art has a social value when artists are somehow conscious of the choices she/he makes and consider the context”.

“Art is a way of thinking about the world, art questions society,
art challenges passivity and stimulates action” (Manifest Blue Dogma)

Hace mucho tiempo que los artistas no viven ajenos al mundo y aislados en sus estudios. Todo lo que ocurre a su alrededor les concierne, les afecta y les preocupa. En el año 1980 la UNESCO subrayaba la importancia del papel que los artistas desempeñan en la sociedad. En la actualidad, muchas prácticas artísticas contemporáneas trabajan con la realidad, se insieren en otros contextos y utilizan otras estrategias, mecanismos, dispositivos de producción y comunicación diferentes de los tradicionalmente artísticos. Sus trabajos abordan temas y situaciones que tienen una incidencia directa en la sociedad, tematizan, comentan y cuestionan, establecen modelos y prototipos, situaciones paralelas o tests sociales y económicos a pequeña escala, otorgan visibilidad a ciertas dinámicas, evidencian mecanismos, muestran contradicciones y, en consecuencia, cuestionan –o nos invitan a cuestionar- nuestro presente y nuestra relación con él.

Aunque sus intereses y sus trabajos son muy diversos, esta posición de compromiso es compartida por los siete artistas que exponen en Afgang06. Así, one of the main concerns of Tine O. Jensen’s work is the femenine identity. Su vídeo más reciente aparece poblado de imágenes y situaciones (un barco, una isla, una madre, su hijo) cargadas de significado y simbolismo. Las pinturas y dibujos de Rikke Winther deal with an inner world full of imagination and psychological depth. Line S. Mengers’ work deals with social structures. She uses a wide range of media (sound, video, questionnaires, among others) in order to relate to specific contexts. In light of the graduation exhibition, Line Mengers has developed a project about the relative (economic) value of art in society. In order to settle her studio after leaving the Academy, she has exchanged drawings for elements such as a desk, a computer chair, etc.). Kristian V. Svensson también utiliza diferentes medios (como el video o la performance) para desarrollar unos proyectos que utilizan la esfera pública como lugar de intervención. Utilizando aviones, Svensson realiza “pinturas” en las que el transeunte se incorpora, a menudo sin ser consciente. Las instalaciones, y sobretodo el sonido son el material de trabajo primordial de Karen Petersen, para hacernos replantear nuestros puntos de vista sobre las cosas. Jesper Carlsen muestra una naturaleza que responde a una meticulosa construcción. En las proyecciones, animaciones o mecanismos construidos de Carlsen, naturaleza y artificio se unen para evidenciar las contradicciones y la complejidad de significados de las cosas. Anders V. Hansen también trabaja en relación a la esfera pública. Para Afgang06, Hansen crea un videojuego que, reproduciendo la apariencia de un videojuego convencional, incorpora pequeños desplazamientos o “diferencias” que contribuyen a su cuestionamiento.

Esta es una aproximación muy breve a los sistemas de trabajo y los artistas que forman parte de esta exposición, Afgang06. Para estos siete artistas, Afgang06 supone un verdadero departure o cambio hacia una nueva situación en la que termina una etapa de formación y se inicia otra en la que deben asumir un rol activo como artistas. Y si al principio citábamos a Kerouac, nos parece relevante terminar con la letra de una canción de Björk que abre nuevas puertas y nuevas situaciones:
«Unthinkable surprises about to happen»
(Björk)

Montse Badia

El registro de los actos y, sobre todo, su repetición, es una preocupación constante en la obra de Peter Land (Aarhus, Dinamarca, 1966) con la que el artista explora las condiciones básicas de la existencia e intenta encontrar sentido a actos que parecen carentes de sentido. El artista realiza sus registros en situaciones extrañas, a menudo grotescas, caricaturizadas o llevadas al extremo para lograr una definición más clara de los problemas a los que se enfrenta. Los vídeos, dibujos e instalaciones de Land suelen mostrarle en procesos obsesivamente repetitivos condenados al fracaso: vestido como un showman de televisión pasado de moda que intenta sin éxito sentarse en un taburete, pero cae una y otra vez (Pink Space, vídeo, 1995); intentando pintar el techo de una habitación subido a una escalera de mano sin poder evitar caer una y otra vez (Step Ladder Blues, vídeo, 1995); poseído por extraños sueños que lo colocan en situaciones ridículas y angustiosas (The Strange Dream Came Back Again LastNight, serie de dibujos, 1997); La caída por una escalera sin fin (The Staircase, vídeo, 1998); el hundimiento con su barca en un lago (The Lake, vídeo y fotografías, 1999). Como un Sísifo intrascendente y deliberadamente cómico, Land cae, se levanta de nuevo y vuelve a caer una y otra vez, enfrentándose a sus miedos en un intento permanente de superarlos. Como el propio artista declaró una vez: “Creo que en mi propio trabajo, a través del registro de actos y su repetición, estoy tratando de reflejar algunas condiciones básicas de mi propia existencia y tal vez llenar de algún tipo de significado aparente lo que no tiene sentido. Tal vez este significado sea exponer lo que no tiene sentido (…) Gran parte de mi trabajo se centra en la desilusión; la sensación de que el significado se te escapa cuando más lo necesitas; cuando crees que has entendido el mundo tal como es y has puesto las cosas en la perspectiva correcta, de repente sucede algo que socava esa sensación. Tu mundo se derrumba y tienes que empezar de nuevo”.

Al ponerse en situaciones que están claramente en desacuerdo con las normas de la sociedad, el artista busca revisar o renovar las percepciones de sí mismo o el significado social de su ocupación. Una vez más, el artista se describe a sí mismo en sus propias palabras: «En todo mi trabajo, trato de aislar diferentes aspectos de mi propia autopercepción. Es como poner a prueba mi propia identidad por medio de reflexiones en forma de grabaciones de mí mismo en diferentes situaciones escenificadas. Estas situaciones son a menudo grotescas, caricaturizadas o llevadas al extremo como una forma de aislar y ampliar el tema, para cristalizarlo y mediarlo lo más claramente posible para mí, así como para un posible público. Considero el extremo como una forma de centrarse, o como dijo una vez el pintor danés Asger Jorn: ‘O vas a los extremos o no vas en absoluto’ (…) La principal razón por la que me uso a mí mismo como figura en mi trabajo tiene que ver con la idea de narración. “Me sentiría incómodo utilizando a otra persona porque considero que mi trabajo es más bien una declaración de intenciones, y utilizar a otra persona sería como poner palabras en boca de otra persona. Creo que desdibujaría el significado de la obra”.

Creada especialmente para Espai 13, la instalación Hasty Departure es una escultura que bien podría describirse como una forma de congelar una acción imposible y completamente fuera de control. Podría ser fácilmente una escena extraída de una película de Buster Keaton o Harold Lloyd, o la caricatura más absurda y surrealista: una pierna, sostenida por una mano, desaparece a través del techo. En el otro extremo, la mano sostiene una maleta que se ha abierto y derrama su contenido en el suelo. Una salida precipitada, en efecto.

Unas puertas diminutas nos invitan a cruzar un umbral que nos resulta completamente imposible de negociar. Esta obra nos trae inevitablemente a la mente los cuentos de Lewis Carroll (por el que Peter Land se confiesa completamente fascinado), así como las ilustraciones originales de Sir John Tenniel para Alicia en el país de las maravillas, un importante punto de referencia para este artista danés. Al igual que Carroll, Land nos invita a entrar en una dimensión diferente, donde las cosas siguen una lógica diferente a la que dictan las normas, un mundo en el que las convicciones y creencias que creíamos firmemente arraigadas se vuelven transitorias y poco fiables.

 

En su trabajo, Peter Land se convierte en un analista de nuestro tiempo, lúcido y melancólico a partes iguales. El artista se propone personalmente como objeto de estudio, con su cuerpo, su ello, sus dudas y sus miedos, para revelar la fragmentación, la dignidad y el absurdo de los hombres contemporáneos, tal como se ve en las imágenes cotidianas que se transmiten a través de nuestros códigos culturales y los medios de comunicación. Como tan acertadamente afirman Renate Wiehager y Knut Nievers en su texto “Ground-less”: “Allí donde su mirada se vuelve en su búsqueda de una ‘unidad’ detrás del mundo cotidiano que dote de sentido a la vida, llega a reconocer su inmanencia. No hay una respuesta redentora para la pregunta, formulada repetidamente y tratada como una repetición y una acción repetida como la de Sísifo: “¿Qué estoy haciendo aquí?”

Montse Badia
Marzo 2005

El trabajo de Thorsten Goldberg (Dinslaken, Alemania, 1960) se caracteriza por el minucioso detalle, la disciplina y la ejecución meticulosa. Tomando como referencias cotidianas, produce comentarios que sólo en apariencia son desenfadados, pero que en el fondo son críticas y observaciones precisas de nuestro tiempo. Sus vídeos e instalaciones se sirven a menudo de fragmentos cotidianos transformados en objetos de arte. De forma lúdica y muy lúcida, el artista plantea al espectador sutiles desplazamientos o diferencias que nos invitan a cambiar nuestra percepción de las cosas y a cuestionar el mundo en el que vivimos y nuestra relación con él.

Creada específicamente para el Espai 13, Things are generally different behind closed doors es una instalación en la que dos personajes bastante extraños hablan de sus vidas. Un algodón (de los que se usan para desmaquillarse) y un coche Smart hablan de sus experiencias, sus ideales y sus conflictos personales. La conversación se desarrolla en palabras y también en imágenes que se proyectan en una especie de escenario. Los temas tratados son muy variados: la vida en la ciudad frente a la vida en el campo, las relaciones con otras personas, los diferentes estilos de vida y sus implicaciones, la vestimenta y la apariencia como indicadores de pertenencia a diferentes comunidades o grupos sociales, el estado del bienestar y sus implicaciones personales más específicas, los reality shows, la conciencia y aceptación de la pertenencia a una sociedad mediatizada.

Todos los diálogos están extraídos de conversaciones que el artista ha escuchado en trenes, restaurantes y otros lugares públicos. Por lo tanto, las dos figuras no son exóticas, sino simplemente dos especímenes de la actualidad. Una de ellas es más sencilla y equilibrada, modesta y disciplinada, realista y práctica, y más o menos satisfecha con su situación vital. La otra es más compleja, inestable, exagerada, sociable y con tendencia a emitir juicios de valor rápidos.

No es la primera vez que Goldberg crea una historia aparentemente inocente que, como declaración pública, alcanza la categoría de diagnóstico. Como dice el propio artista, “la sencillez o el carácter lúdico no significa que una obra sea irrelevante. El hecho de que utilice símbolos simples la hace universalmente comprensible. (…) Creo que el arte tiene que tener diferentes niveles. Y el primer nivel, o introducción, debería, al menos en mi obra, tener siempre esta atmósfera de carácter lúdico, de inofensividad. No quiero que mi arte sea de algún modo imponente”. En sus trabajos anteriores, Goldberg utilizó un juego infantil (Piedra, papel y tijera) para realizar una intervención en el espacio público del puente Oberbaum de Berlín (antigua frontera que separaba Alemania del Este y Alemania del Oeste), reduciendo la rivalidad y las tensiones políticas al nivel de un patio de recreo. Curtain.mov era una cortina roja (y la cortina que rodea el escenario de Things are generally different behind closed doors es una clara referencia a ella) que se movía casi imperceptiblemente a lo largo de un pasillo transparente de 60 metros de largo que unía dos partes del edificio Martin Gropius en Eberswalde. Más recientemente, en Next Destination, Milk & Honey, instaló una parada de autobús en el centro de Heidenheim que anunciaba cada día uno de los 2.000 destinos del mapa de Schlaraffendland, la Accurata Utopia Tabula (c.1720) en la que el cartógrafo Johann Baptist Homann reproducía con minucioso detalle todos los nombres de los lugares del país de la leche y la miel, el País de Cockaigne o el País de la Abundancia.

Cortinas que se mueven, mapas imaginarios, juegos infantiles, coches y algodones que hablan: Goldberg utiliza objetos y situaciones de la vida real y los transforma en preguntas directas y contundentes. Nunca es provocador ni dogmático, pero de una manera discreta, humorística y aparentemente ingenua, señala los sutiles desplazamientos o “diferencias” que ponen a prueba algunos valores fundamentales.

Montse Badia
Enero 2005